¿Desde qué lugar abordamos este tema?
Conversando acerca de la interrelación entre las escenas de la vida cotidiana y las escenas que se montan en el acto teatral, nos sirvieron de disparadores algunas palabras tales como: lenguaje, acciones, improvisación, presencia, encuentro, texto, trama, escena, efecto terapéutico, etc.
Podríamos describir nuestro modo de ‘estar’ en el mundo, de transitar en la vida cotidiana, como diferentes narrativas, desde las que vivenciamos lo que llamamos ‘realidad’, a través del sentido que le otorgamos a las distintas interacciones que nos van aconteciendo. La manera en que ‘me narro’ como sujeto en cada relación, tiene que ver con: 1) ¿cómo construyo las explicaciones que describen mis experiencias (en tanto fundamentaciones de mi estar presente en las situaciones)?, 2) las conversaciones, en tanto acciones con las que me desenvuelvo en el mundo, enmarcadas dentro de un contexto social, cultural, histórico desde donde se desarrollan, en tanto constructo social.
Desde este modo de conceptuar al lenguaje, en tanto narrativa, podríamos decir que nuestras relaciones transcurren en diferentes conversaciones cotidianas.
Al decir de Anderson, respecto de cómo nos narramos los sujetos en relación: “(...) Podemos decir que la vida de una persona es una combinación de muchas líneas narrativas diferentes. La persona construye una línea argumental particular en respuesta a una situación o experiencia específica que requiere una aclaración (...)”[1]
“(...) Somos tantos “nosotros mismos” como los sí-mismos potencialmente insertos en nuestras conversaciones y creados por éstas (...)”[2]
Entre la escena cotidiana y la escena teatral:
Acción-Presencia-Trama-Improvisación
En el estar presente junto con otros humanos, es donde acontece, acaso, la posibilidad de vivenciarse modificándonos mutuamente, sorprendidos de nuestras respuestas, de nuestras reacciones. Como lo hace un actor en escena, en relación con otros personajes, ante el fluir de la trama. Las acciones de los otros generan en mí transformaciones, me impulsan a: la improvisación, lo imprevisto, lo imprevisible, lo impensable.
En el entrenamiento teatral se trabajan particularmente las acciones según el ‘para qué’ del personaje creado por el autor. En el teatro se valora el proceso escénico en sí mismo a través del signo actoral (acción) del cuerpo presente del actor.
En este proceso de construcción de personaje, el texto se transforma al servicio del cuerpo del actor. Lo que importa ahora, es cómo la presencia del cuerpo del actor, va a plasmar, a sugerir, mostrar lo que en un principio eran el plan de acciones volcadas en el texto escrito por el autor. El actor aparece descubridor de nuevos modos ocultos y posibles en su humanidad.
Cuando el actor trabaja en el escenario, este cuerpo se dispone de un modo particularmente consciente y es a través de esta tarea-entrenamiento con técnicas específicas donde puede descubrir diferentes modos de caminar, de decir, de mirar de contactarse con objetos, personas y en definitiva, ser habitado por las situaciones y entorno que lo rodea, dando vida al personaje. El cuerpo del actor en este proceso de descubrimiento en que se encuentra, hace un trabajo de ‘destejer para volver a tejer’ nuevos modos de acercamiento a las vivencias propuestas hacia las que tiene que tender; es como si “arrancara de cero”, como aprender a caminar, a comer, adquirir nuevos códigos de funcionamiento. Partiendo de las conductas que trae naturalizadas -en tanto códigos sociales- a través de las cuales se comunica en lo cotidiano, para acaso, despojarse de ellas y reinventar los códigos sociales propios del personaje desde el que tiene que accionar.
Si tomamos las situaciones de la vida cotidiana como escenas montadas en un escenario específico, podríamos decir que cada uno de nosotros “individuos sociales y/o en relación”, habitamos diferentes personajes ocupando distintos roles, según las personas con las que nos encontramos, los espacios por los que transitamos en el día, la relación que entablamos con los objetos en la dinámica diaria con los cuales establecemos algún contacto.
El actor en presencia no está ‘haciendo para’, podríamos decir que ‘está siendo’ en un fluir constante y continuo y este proceso de trabajo le otorga ‘calidad’ a la función principal del actor: la comunicación.
Al hablar de las relaciones entre humanos, cuando dos entran en contacto: ‘uno es en relación’, podríamos decir que mientras transcurre una obra de teatro estaríamos compartiendo lo que cada uno de los participantes, por ejemplo –actor-espectador- puede ofrecer en ese encuentro. Es allí en donde se produce el fenómeno del aprendizaje conjunto, los actores actúan sus personajes y reciben los estímulos de los espectadores siendo modificados por ellos y éstos a su vez situados en sus butacas, dispuestos a ser modificados por lo que acontece en el escenario y acaso estarse viendo reflejados ante las acciones que muestran los actores en tanto personaje.
Diríamos que el acto teatral se co-construye. Desde este punto de vista cada función nos posibilitaría al ‘acto de construcción de conocimiento’ entre el espectador/es, actor/es y aquellos que intervengan en dicho encuentro.
Desde la óptica que venimos desarrollando el teatro también, puede ser visto como terapéutica social, en tanto las personas-actores, en el trabajo continuo de los personajes, situaciones, tramas, relaciones, atraviesan e investigan sus propias pautas, sus propios límites. Estas escenas transcurren en el interjuego de las relaciones, suscitando transformaciones en el cuerpo, generando en mí otras narraciones: “¿acaso, puedo reaccionar de otro modo”; “¿y si en este instante tomo otro camino para la respuesta?”; “¿el camino sinuoso o el directo?”... la búsqueda de finales distintos dando lugar al ‘no sé como soy, estoy siendo’.
Al decir de Grotowski: “(...) Hablo del método, hablo de la superación de límites, hablo de una confrontación, de un proceso de autoconocimiento y hasta en cierto sentido de una terapia. Este método debe permanecer abierto –su vida misma depende de esta condición- y es diferente para cada individuo. Así debe ser, porque su naturaleza intrínseca exige que sea individual (...)[3]
El teatro nos entrena en esta dinámica, proporcionándonos sus herramientas específicas.
Conversando acerca de la interrelación entre las escenas de la vida cotidiana y las escenas que se montan en el acto teatral, nos sirvieron de disparadores algunas palabras tales como: lenguaje, acciones, improvisación, presencia, encuentro, texto, trama, escena, efecto terapéutico, etc.
Podríamos describir nuestro modo de ‘estar’ en el mundo, de transitar en la vida cotidiana, como diferentes narrativas, desde las que vivenciamos lo que llamamos ‘realidad’, a través del sentido que le otorgamos a las distintas interacciones que nos van aconteciendo. La manera en que ‘me narro’ como sujeto en cada relación, tiene que ver con: 1) ¿cómo construyo las explicaciones que describen mis experiencias (en tanto fundamentaciones de mi estar presente en las situaciones)?, 2) las conversaciones, en tanto acciones con las que me desenvuelvo en el mundo, enmarcadas dentro de un contexto social, cultural, histórico desde donde se desarrollan, en tanto constructo social.
Desde este modo de conceptuar al lenguaje, en tanto narrativa, podríamos decir que nuestras relaciones transcurren en diferentes conversaciones cotidianas.
Al decir de Anderson, respecto de cómo nos narramos los sujetos en relación: “(...) Podemos decir que la vida de una persona es una combinación de muchas líneas narrativas diferentes. La persona construye una línea argumental particular en respuesta a una situación o experiencia específica que requiere una aclaración (...)”[1]
“(...) Somos tantos “nosotros mismos” como los sí-mismos potencialmente insertos en nuestras conversaciones y creados por éstas (...)”[2]
Entre la escena cotidiana y la escena teatral:
Acción-Presencia-Trama-Improvisación
En el estar presente junto con otros humanos, es donde acontece, acaso, la posibilidad de vivenciarse modificándonos mutuamente, sorprendidos de nuestras respuestas, de nuestras reacciones. Como lo hace un actor en escena, en relación con otros personajes, ante el fluir de la trama. Las acciones de los otros generan en mí transformaciones, me impulsan a: la improvisación, lo imprevisto, lo imprevisible, lo impensable.
En el entrenamiento teatral se trabajan particularmente las acciones según el ‘para qué’ del personaje creado por el autor. En el teatro se valora el proceso escénico en sí mismo a través del signo actoral (acción) del cuerpo presente del actor.
En este proceso de construcción de personaje, el texto se transforma al servicio del cuerpo del actor. Lo que importa ahora, es cómo la presencia del cuerpo del actor, va a plasmar, a sugerir, mostrar lo que en un principio eran el plan de acciones volcadas en el texto escrito por el autor. El actor aparece descubridor de nuevos modos ocultos y posibles en su humanidad.
Cuando el actor trabaja en el escenario, este cuerpo se dispone de un modo particularmente consciente y es a través de esta tarea-entrenamiento con técnicas específicas donde puede descubrir diferentes modos de caminar, de decir, de mirar de contactarse con objetos, personas y en definitiva, ser habitado por las situaciones y entorno que lo rodea, dando vida al personaje. El cuerpo del actor en este proceso de descubrimiento en que se encuentra, hace un trabajo de ‘destejer para volver a tejer’ nuevos modos de acercamiento a las vivencias propuestas hacia las que tiene que tender; es como si “arrancara de cero”, como aprender a caminar, a comer, adquirir nuevos códigos de funcionamiento. Partiendo de las conductas que trae naturalizadas -en tanto códigos sociales- a través de las cuales se comunica en lo cotidiano, para acaso, despojarse de ellas y reinventar los códigos sociales propios del personaje desde el que tiene que accionar.
Si tomamos las situaciones de la vida cotidiana como escenas montadas en un escenario específico, podríamos decir que cada uno de nosotros “individuos sociales y/o en relación”, habitamos diferentes personajes ocupando distintos roles, según las personas con las que nos encontramos, los espacios por los que transitamos en el día, la relación que entablamos con los objetos en la dinámica diaria con los cuales establecemos algún contacto.
El actor en presencia no está ‘haciendo para’, podríamos decir que ‘está siendo’ en un fluir constante y continuo y este proceso de trabajo le otorga ‘calidad’ a la función principal del actor: la comunicación.
Al hablar de las relaciones entre humanos, cuando dos entran en contacto: ‘uno es en relación’, podríamos decir que mientras transcurre una obra de teatro estaríamos compartiendo lo que cada uno de los participantes, por ejemplo –actor-espectador- puede ofrecer en ese encuentro. Es allí en donde se produce el fenómeno del aprendizaje conjunto, los actores actúan sus personajes y reciben los estímulos de los espectadores siendo modificados por ellos y éstos a su vez situados en sus butacas, dispuestos a ser modificados por lo que acontece en el escenario y acaso estarse viendo reflejados ante las acciones que muestran los actores en tanto personaje.
Diríamos que el acto teatral se co-construye. Desde este punto de vista cada función nos posibilitaría al ‘acto de construcción de conocimiento’ entre el espectador/es, actor/es y aquellos que intervengan en dicho encuentro.
Desde la óptica que venimos desarrollando el teatro también, puede ser visto como terapéutica social, en tanto las personas-actores, en el trabajo continuo de los personajes, situaciones, tramas, relaciones, atraviesan e investigan sus propias pautas, sus propios límites. Estas escenas transcurren en el interjuego de las relaciones, suscitando transformaciones en el cuerpo, generando en mí otras narraciones: “¿acaso, puedo reaccionar de otro modo”; “¿y si en este instante tomo otro camino para la respuesta?”; “¿el camino sinuoso o el directo?”... la búsqueda de finales distintos dando lugar al ‘no sé como soy, estoy siendo’.
Al decir de Grotowski: “(...) Hablo del método, hablo de la superación de límites, hablo de una confrontación, de un proceso de autoconocimiento y hasta en cierto sentido de una terapia. Este método debe permanecer abierto –su vida misma depende de esta condición- y es diferente para cada individuo. Así debe ser, porque su naturaleza intrínseca exige que sea individual (...)[3]
El teatro nos entrena en esta dinámica, proporcionándonos sus herramientas específicas.
Colongo, Bibiana G.
Piñero, Gloria
Piñero, Gloria














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