24 feb 2008

Muestra taller de actuación 2007

Momentos previos a la muestra.
Colaboraron con nosotros: Anabel Di Masso y Patricia Dávila -integrantes del taller- y Juan Colongo en luces.






Josefina Casas, Bibiana Colongo, Rosana Guardalá, Nidia Borelli, Natalie Souto, Alejandro Maximino y Cecilia Canossa.


Daniela Guardalá, Paula Corti, Beatriz Olano, María del Carmen Sánchez y Antonela Calelo

EL LEVANTE
Diciembre 2007

Muestra taller de actuación 2006

Cecilia Canossa y Alejandro Massei

Pablo Ceci, Bibiana Colongo, Maximiliano Antinoro y Claudia Mulé

María del Carmen Sánchez y Gloria Piñero



También participaron en esta muestra: Rosana Guardalá y Rubén Fernández.

EL LEVANTE
Diciembre 2006


21 feb 2008

28 de marzo de 2008 en la E.E.M.P.A. Nº 1165 José Hernández









El gran Marcos Soler de Fernando Panzeri





Marcos Soler es el actor y escritor que ensaya su propia obra de teatro.
La pasión por la profesión artística es el eje de su vida y a través de sus experiencias, nos cuenta de sus alegrías, frustraciones y también de la esperanza de que todo es posible, que sólo depende del punto de observación en donde nos situemos.



CICLO LA COCINA DE LOS DRAMATURGOS 2007

Sala LA NAVE

Domingos de octubre y noviembre

17 feb 2008

¿De dónde brota tanto Humano? de Bibiana Colongo


En este unipersonal, la Actriz muestra fragmentos de la vida de Alicia en sus distintas etapas: la vejez, la juventud y la niñez. Es la Actriz –como personaje- quien presenta recortes de vivencias experimentadas con mujeres y hombres con los cuales conversará a lo largo de la escena. Se describen relaciones y momentos vivenciados junto a otros humanos. Momentos que podemos reconocer como conocidos, olfateados, vistos en nosotros y en otros.
EL LEVANTE
Estreno marzo de 2007

Los ensayos

4 feb 2008

Acerca de los bloqueos

En determinados ejercicios de autoexploración que propongo en el taller de práctica teatral, como un modo de inducir a que los participantes busquen en su interior diferentes sensaciones y puedan expresarlas, si bien el ejercicio se desarrolla de acuerdo a lo planteado paso a paso -y entonces, podría decir que la consigna se ha cumplido-, tengo la sensación de que lo que aparece es mas bien un 'no mostrar', justamente, aquellos sentimientos como el miedo, la vergüenza, el prejuicio a ser juzgado, que describen los bloqueos que todos tenemos y aparecen solapados detrás de las palabras.
Cuando se charla acerca de lo sucedido en el ejercicio, observo, en algunos casos, que el discurso verbal contradice al cuerpo, que manifiesta la misma rigidez que al comienzo; es más, en algunas ocasiones, la rigidez se acentúa, es como si se produjera una lucha interna, una especie de pelea silenciosa establecida entre partes en pugna para que lo genuino no aparezca.
Percibo que, ante ejercicios cuyo objetivo es ahondar en nuestro lado oscuro, 'no pasa nada', como si nunca hubiéramos experimentado culpabilidad, ira, asombro, miedo; como si no nos constaran o fueran inherentes a nosotros, los humanos, esos sentimientos.
Entre otros objetivos, el trabajo de taller apunta a que quien elige esta actividad: el teatro, gradualmente y cada uno a su tiempo, pueda internarse en sí mismo, averiguando, constatando, descubriendo aquello que por 'oscuro' no permitimos que nos albergue. Y entonces, si echamos 'luz' sobre estos aspectos, dejando que aparezcan, quizás podamos convivir con esos sentimientos que, nos gusten o no, habitan en nosotros.
¿De qué manera puede aquel actor que representa el rol de un asesino, mostrar el sentimiento de odio o de venganza que es propio del personaje, si no cabe en su vida privada tal experiencia?; ¿no es buscando en su archivo personal imágenes o asociaciones de hechos que le permitan rememorar esos sentimientos para luego actuarlos?

Gloria Piñero

Del sentimiento que nos 'anima'

“- Entusiasmo: Fil. El entusiasmo es un estado de sentimiento que, como todo lo que se refiere a la vida afectiva, carece de una definición precisa. Se siente mejor que se explica (...). Implica desde luego el entusiasmo, un estado cuya característica primordial consiste en que el sentimiento abandona el campo contemplativo, la posición estática, y tiende a lo dinámico, a la acción y al movimiento (...).
“(...) se puede en parte colegir otro carácter del entusiasmo, a saber, que aparece como exaltación del sentimiento provocado por estímulo o acicate interior, referido en toda la antigüedad a una acción directa de lo divino sobre el individuo (furor divinus).
“(...) el entusiasmo, abandonado a sí mismo, sin límite ni freno que le sirva de cortapisa, sigue la propia ley del sentimiento que, aislado y en exaltación, se contradice (...), circunstancia que obliga a reconocer la necesidad de armonizar los sentimientos o de convertir el entusiasmo en entusiasmo reflexivo (...)”.(1)

Cuando aparece una idea, como algo indefectible, la fluidez interna con la que surge, se impone como un mandato que ordena su realización.
Esa fluidez es, al principio, un caos de palabras y pensamientos desordenados que al escribirlos ocupan un lugar prestado: palabras y pensamientos van más rápido de lo que puedo expresar y dejo que jueguen al juego que más les guste -ocultándose, apareciendo, ahora arriba, luego más abajo-, hasta que después de varios intentos, logran encontrar el espacio puntual, el que expresará claramente la idea.
En este intento, transcurro algunos días, y a veces meses, con la intención de dar forma a aquello que se presenta como ‘interesante’.
A medida que la idea se va plasmando en esa construcción, voy imaginando y visualizando el hecho en sí, como ya puesto en acción. Y en esa imagen aparece una serie de acontecimientos: encuentros, rostros, lugares posibles para el desarrollo del proyecto; diálogos, posturas y acciones, que tienden a que el cauce del mismo sea favorable; y, también, elucubraciones sobre las dificultades que pueden presentarse, pero, siempre, éstas como improbables... En el fondo ‘creo’ que todo saldrá de maravillas porque ¡claro!, hasta aquí, todo está en el plano de las ideas, y el hálito de euforia del que estoy imbuida, es como una cortina que no me permite ver qué hay del otro lado: la realidad.
Me sucede que mientras voy finalizando la etapa escrita de un ‘proyecto‘, o lo que fuere -un artículo, el organigrama de tareas semanales, una clase de teatro-, cuando todo parece listo para poner manos a la obra, casi simultáneamente, comienzo a tener una sospecha: la de estar frente a una ilusión.
Surgen preguntas como: ¿qué fue lo que me hizo creer que este proyecto se llevaría a cabo?, ¿es posible que alguien esté interesado en él?, ¿encontraré a las personas adecuadas para tal fin?, etc.

Reflexionando acerca de qué actitudes o sentimientos me son propios, con cuáles convivo en mi estar-estando en la vida, y cómo me muestro a través de ellos produciendo diferentes efectos, es que observo lo siguiente:

El 'entusiasmo', actitud con la que emprendo a menudo muchas de las tareas que me toca realizar y... todo va bien, hasta que alguien, con alguna palabra o, simplemente un gesto, me remite a la duda: ¿será por acá,... me habré equivocado...? El entusiasmo se esfuma, y con él la ilusión. Y esto ocurre sólo en un instante, apenas ése... que transforma las horas y días de trabajo ‘calculado’ en la sensación de tiempo ‘perdido’.
En ese momento me doy cuenta de la ‘omisión’. Mientras trabajaba, sólo había calculado resultados positivos, aquellos que responden a mi creencia, a mi ‘querer tal cosa’.
Es decir, caigo en la cuenta de que mi trabajo ha sido producto de la excitación que me impulsa a ver logros. Un trabajo no meditado, descuidado, desatento, en donde, además de resultados ‘positivos’ -si los hubiera-, caben imponderables, diferencias de opinión, de gustos, de momentos propicios para la acción de cualquier tarea.

Esto me lleva a la pregunta: ¿sobre qué clase de cimientos entonces, fundo mis ideas, proyectos, acciones?

Me parece, que la respuesta tiene que ver con la 'pereza'.
Pereza como carencia, como ausencia de una mirada que considere un para qué específico del accionar. No digo que carezca de dicha mirada, ya que si algunos la tienen, probablemente también haya sido favorecida con ella; sino que está languidecida, distanciada del compromiso que implica encauzar cualquier tarea, teniendo en cuenta que siempre hay otro que recibe tanto mi ‘descuido’ como mi ‘disciplina’.
Alcanzar una mirada -por decir dar alcance, conquistar con trabajo, meticulosidad, con prueba y error-, creo, que es algo así como ponerse en movimiento, usando la capacidad que nos ha sido concedida, de manera responsable, no menospreciando y menospreciándonos; no escatimando esfuerzo en agudizar hasta el mínimo detalle de las tareas en que participamos y que, movidos por el entusiasmo de los ‘resultados’, se convierte en indolencia, distanciamiento, pereza, poniendo en peligro a nuestros semejantes.
En definitiva, vivir con esa visión, cuyo alcance contemple: no el entusiasmo “abandonado a sí mismo”, sino encauzado en ir haciendo lo que nos va siendo encomendado, en forma cuidadosa, atenta, solícita. Desarrollar actitudes que colaboren para ir saliéndonos de la pereza y nos encaminen al “entusiasmo reflexivo”: al camino de la diligencia.

“La pereza que no descansa, depreda

La pereza que no descansa, depreda.
Ya que al no incurrir
en tensar su distensión,
viola, devasta
a la diligencia.”(2)

Gloria Piñero

_______________________
(1) Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias, Artes, Etc. Tomo VIII. Editores Montaner y Simón, Barcelona. W.M. Jackson, Inc. Nueva York.
(2) "Fabulario". Makinistian, Rubén León. Editorial Privada, Rosario, Santa Fe, Argentina, 1997

El texto teatral y su representación

El siguiente artículo tiene que ver con mi opinión acerca de lo que sucede en el texto teatral y su representación.
Cuando el dramaturgo escribe una obra, se halla consigo, elucubrando.
Ideas, pensamientos, emociones, motivaciones internas, etc., son los ingredientes con los que se encuentra elucidando las características: el contenido que luego poseerán los personajes de su obra.
Él se aventura en la serie de incidentes que acontecerán en esa ficción.
Fantasea acerca de cómo, cuándo, para qué, estos personajes se irán relacionando y estableciendo la secuencia de acciones que los llevará a mostrar el mensaje que, en definitiva, quiere transmitir.
Se dice que toda obra de teatro tiene una trama, y que el autor, cuando decide acerca de: los efectos a crear, la disposición de las complicaciones entre personajes, el ordenamiento de las acciones y su resolución, está "tramando", (...) "De hecho no puede haber obra sin trama; sería algo sin organización, algo caótico"(...) (1).
Cuando el autor crea sus personajes, no deja librado al azar lo que sucederá a cada uno y entre ellos, sino que los rodea de ciertas circunstancias, hasta que se conviertan en una unidad que exprese su objetivo; de manera que cada uno de ellos forme parte de una estructura: 'la obra de teatro', el pilar que sustentará las conductas de dichos personajes cuando entren en acción.
Mientras tanto, en el texto, más allá de que el autor y el lector imaginen, visualicen, lo que sucede, las 'interacciones' de los personajes están 'suspendidas'.
En el texto no aparecen el director, el escenógrafo y las demás personas que son necesarias en una producción teatral, las cuales, cuando intervienen, lo hacen con ideas propias acerca del mismo, lo que hace probable que, con dicha intervención, éste sufra modificaciones.
Cuando digo 'la obra de teatro' me estoy refiriendo a la representación escénica del texto, advirtiendo que la trama o la interacción entre los personajes, sólo puede manifestarse cuando entra en el lenguaje, cuando se plasma en la presencia de los actores que encarnan a los mismos en el escenario, cuando puedo verlos en la 'realidad'. Y es ahí, en donde, además, aparecen otras tramas o interacciones que tienen que ver con quienes miran dicha obra; tanto es así, que esta presencia, si bien no modifica el parlamento del personaje, sí lo hace con la forma de actuar los roles entre ellos, de acuerdo al estímulo, al significado que ambos (actor-espectador) se proveen mediante sus conductas, por el sólo hecho de estar involucrados en un espacio físico que los contiene.
Para concluir, el texto teatral y la representación parecen pertenecer a dos mundos diferentes: el primero, al de la 'fantasía' mental del autor, que imagina una serie de sucesos entre personajes dentro de un contexto y con un fin determinado; el segundo, tiene que ver con la patentización de dicho texto, que tiene lugar en la 'realidad' a través de la presencia del cuerpo físico de los actores en un lugar establecido y que, además, se transforma con la presencia del público, que forma parte de la representación.

Gloria Piñero
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(1) Hubert C. Heffner, Samuel Selden, Hunton L. D. Sellman. "Técnica Teatral Moderna". Eudeba Manuales. 2º Ed. Buenos Aires, Febrero, 1980
Lecturas:
-Rubén León Makinistian. ""Comunicación Humana y Sistemas Humanos" (Recorrido de ideas 1984/1990)". S.E. Sociedad Editorial, Rosario, Santa Fe, Argentina, Reedición 2001
-Rubén León Makinistian. "Desarrollos en la materia "Comunicación Humana y Sistemas Humanos" (1993)". "SISTEMAS HUMANOS", Rosario, Santa Fe, Argentina, 1993

El lenguaje teatral

¿Desde qué lugar abordamos este tema?
Conversando acerca de la interrelación entre las escenas de la vida cotidiana y las escenas que se montan en el acto teatral, nos sirvieron de disparadores algunas palabras tales como: lenguaje, acciones, improvisación, presencia, encuentro, texto, trama, escena, efecto terapéutico, etc.
Podríamos describir nuestro modo de ‘estar’ en el mundo, de transitar en la vida cotidiana, como diferentes narrativas, desde las que vivenciamos lo que llamamos ‘realidad’, a través del sentido que le otorgamos a las distintas interacciones que nos van aconteciendo. La manera en que ‘me narro’ como sujeto en cada relación, tiene que ver con: 1) ¿cómo construyo las explicaciones que describen mis experiencias (en tanto fundamentaciones de mi estar presente en las situaciones)?, 2) las conversaciones, en tanto acciones con las que me desenvuelvo en el mundo, enmarcadas dentro de un contexto social, cultural, histórico desde donde se desarrollan, en tanto constructo social.
Desde este modo de conceptuar al lenguaje, en tanto narrativa, podríamos decir que nuestras relaciones transcurren en diferentes conversaciones cotidianas.
Al decir de Anderson, respecto de cómo nos narramos los sujetos en relación: “(...) Podemos decir que la vida de una persona es una combinación de muchas líneas narrativas diferentes. La persona construye una línea argumental particular en respuesta a una situación o experiencia específica que requiere una aclaración (...)”
[1]
“(...) Somos tantos “nosotros mismos” como los sí-mismos potencialmente insertos en nuestras conversaciones y creados por éstas (...)”
[2]

Entre la escena cotidiana y la escena teatral:
Acción-Presencia-Trama-Improvisación
En el estar presente junto con otros humanos, es donde acontece, acaso, la posibilidad de vivenciarse modificándonos mutuamente, sorprendidos de nuestras respuestas, de nuestras reacciones. Como lo hace un actor en escena, en relación con otros personajes, ante el fluir de la trama. Las acciones de los otros generan en mí transformaciones, me impulsan a: la improvisación, lo imprevisto, lo imprevisible, lo impensable.
En el entrenamiento teatral se trabajan particularmente las acciones según el ‘para qué’ del personaje creado por el autor. En el teatro se valora el proceso escénico en sí mismo a través del signo actoral (acción) del cuerpo presente del actor.
En este proceso de construcción de personaje, el texto se transforma al servicio del cuerpo del actor. Lo que importa ahora, es cómo la presencia del cuerpo del actor, va a plasmar, a sugerir, mostrar lo que en un principio eran el plan de acciones volcadas en el texto escrito por el autor. El actor aparece descubridor de nuevos modos ocultos y posibles en su humanidad.
Cuando el actor trabaja en el escenario, este cuerpo se dispone de un modo particularmente consciente y es a través de esta tarea-entrenamiento con técnicas específicas donde puede descubrir diferentes modos de caminar, de decir, de mirar de contactarse con objetos, personas y en definitiva, ser habitado por las situaciones y entorno que lo rodea, dando vida al personaje. El cuerpo del actor en este proceso de descubrimiento en que se encuentra, hace un trabajo de ‘destejer para volver a tejer’ nuevos modos de acercamiento a las vivencias propuestas hacia las que tiene que tender; es como si “arrancara de cero”, como aprender a caminar, a comer, adquirir nuevos códigos de funcionamiento. Partiendo de las conductas que trae naturalizadas -en tanto códigos sociales- a través de las cuales se comunica en lo cotidiano, para acaso, despojarse de ellas y reinventar los códigos sociales propios del personaje desde el que tiene que accionar.
Si tomamos las situaciones de la vida cotidiana como escenas montadas en un escenario específico, podríamos decir que cada uno de nosotros “individuos sociales y/o en relación”, habitamos diferentes personajes ocupando distintos roles, según las personas con las que nos encontramos, los espacios por los que transitamos en el día, la relación que entablamos con los objetos en la dinámica diaria con los cuales establecemos algún contacto.
El actor en presencia no está ‘haciendo para’, podríamos decir que ‘está siendo’ en un fluir constante y continuo y este proceso de trabajo le otorga ‘calidad’ a la función principal del actor: la comunicación.
Al hablar de las relaciones entre humanos, cuando dos entran en contacto: ‘uno es en relación’, podríamos decir que mientras transcurre una obra de teatro estaríamos compartiendo lo que cada uno de los participantes, por ejemplo –actor-espectador- puede ofrecer en ese encuentro. Es allí en donde se produce el fenómeno del aprendizaje conjunto, los actores actúan sus personajes y reciben los estímulos de los espectadores siendo modificados por ellos y éstos a su vez situados en sus butacas, dispuestos a ser modificados por lo que acontece en el escenario y acaso estarse viendo reflejados ante las acciones que muestran los actores en tanto personaje.
Diríamos que el acto teatral se co-construye. Desde este punto de vista cada función nos posibilitaría al ‘acto de construcción de conocimiento’ entre el espectador/es, actor/es y aquellos que intervengan en dicho encuentro.
Desde la óptica que venimos desarrollando el teatro también, puede ser visto como terapéutica social, en tanto las personas-actores, en el trabajo continuo de los personajes, situaciones, tramas, relaciones, atraviesan e investigan sus propias pautas, sus propios límites. Estas escenas transcurren en el interjuego de las relaciones, suscitando transformaciones en el cuerpo, generando en mí otras narraciones: “¿acaso, puedo reaccionar de otro modo”; “¿y si en este instante tomo otro camino para la respuesta?”; “¿el camino sinuoso o el directo?”... la búsqueda de finales distintos dando lugar al ‘no sé como soy, estoy siendo’.
Al decir de Grotowski: “(...) Hablo del método, hablo de la superación de límites, hablo de una confrontación, de un proceso de autoconocimiento y hasta en cierto sentido de una terapia. Este método debe permanecer abierto –su vida misma depende de esta condición- y es diferente para cada individuo. Así debe ser, porque su naturaleza intrínseca exige que sea individual (...)
[3]
El teatro nos entrena en esta dinámica, proporcionándonos sus herramientas específicas.
Colongo, Bibiana G.
Piñero, Gloria

[1] Anderson, Marlene. “Conversaciones, lenguaje y posibilidades”. Ed. Amorrortu. Septiembre 1999. p-282.
[2] op. citada p-283
[3] Grotowski, Jerzy. “Hacia un teatro pobre”. Ed. Siglo XXI (Febrero 2000) p-93

2 feb 2008

El Teatro: herramienta para la comunicación

“En todos los rincones, somos con otros humanos.” (1)

El teatro es un camino de autoconocimiento, una práctica constante que va iluminando zonas oscuras que habitan en nosotros, y que por vergüenza a reconocerlas, hemos ido bloqueando y olvidando.
Explorar nuestras sensaciones es un proceso que implica el esfuerzo de cruzar fronteras, quitarnos los disfraces hasta llegar a capas más profundas, y exponernos desnudos a la revelación de distintas facetas de la personalidad. Si bien este proceso es individual, se expande a través de nuestros actos alentando en otros la necesidad de descubrirse.
Escuchar al cuerpo es concebir -como posible-, nuevos modos de decir, de mirar, de hacer transformadores, y esa plasticidad para ser ‘otro’ facilita el ver a nuestro semejante como tal.
Cuando el actor mueve una mano, un objeto o dice un parlamento, está mostrando signos a los que el espectador otorgará un significado; un olvido en su accionar, modifica la idea original en otra cosa. No hay retorno en el teatro, la escena es “in vivo”.
Y en la vida: ¿hay retorno? Nuestro accionar queda inscripto en el otro, y cuando nos equivocamos y decimos: “¡Ah, no! Pero esa no era mi intención...” ya es tarde.
Es imposible no comunicar. * Cada vez que nos encontramos con alguien, transmitimos un mensaje estableciendo un vínculo con significado.
Nos cuesta situarnos en el presente y vivenciar ese momento, como el único que estamos teniendo mientras ocurre. Descuidamos el modo en que nos proponemos en la relación, sin advertir, que el cómo y el para qué de nuestros comportamientos genera consecuencias que vitalizan o entorpecen ese encuentro.
Representamos diferentes personajes, según las circunstancias y los contextos en donde actuamos-vivimos, de modo que nuestro accionar transforma y es transformado a su vez, por aquel a quien estoy aproximado.
Decir y hacer responsablemente contribuye a optimizar la calidad de nuestras relaciones.

Gloria Piñero
Publicado en el Periódico El Sendero del Medio Edición Coleccionable Nº 10. Rosario. Santa Fe. Argentina 2005

(1) Makinistian, Rubén León, “Brevedades” Editorial Privada Rosario, Santa Fe, Argentina 1996.
* Primer axioma de la Comunicación Humana. Watzlawick, Paul, Beavin Janet y Jackson, Don D. “Teoría de la Comunicación Humana” Editorial Herder, Barcelona, España, 1992.