
6 dic 2010
13 may 2010
CEMAR 24 de abril de 2010
En el marco de la 3ra. Jornada Interdisciplinaria: “Las sexualidades de las y los adolescentes”, organizada por el Comité de Adolescencia de la Sociedad de Pediatría de Rosario junto a otras organizaciones, El Espejo dirige: Situaciones de desborde: hogar, consultorio, escuela.Actúan: Bibiana Colongo y Victoria Vitta.
1 abr 2010
7 mar 2010
IMPERDIBLE!!! MUY PRONTO
Situaciones cotidianas que acontecen dentro de una familia que no parece muy normal.El empeño de la hija en encontrar novio y el deseo de sus padres de que éste sea el adecuado, propiciará el desfile de diversos pretendientes con características peculiares.
El recurso del absurdo aparecerá de la mano de estos personajes, así como también de la mucama, el vendedor ambulante y el policía, completando la ‘foto’ de esta loca familia y provocando momentos de comicidad.
13 feb 2010
25 dic 2009
10 ene 2009
Cuento sufí
LOS TRES FILTROS
El joven discípulo de un filósofo sabio llega a la casa y le dice:
-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! -le interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por los tres filtros lo que vas a contarme?
-¿Los tres filtros? -preguntó su discípulo.
-Sí, el primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
- Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
31 dic 2008
MUESTRA AÑO 2008
Una muestra de actuación va siendo, entre otras cosas:
La elección de un texto a trabajar… pensar en una creación colectiva.
Investigar acerca de qué tengo ganas de mostrar, o no… dejar que otro decida por mí.
Una vez que se cuenta con el material o la idea, comienzan los ensayos, las improvisaciones, el análisis textual, las interacciones y el trabajo de conexión con el otro.
Repetición, repetición, repetición.
Contradicciones.
Miradas que aportan para el desenmarañamiento de ese entretejido por el que aún no se filtra la luz.
Cansancio, ausencias.
Alegría, risas.
Falta de confianza en el otro… en uno mismo.
Vamos bien, la cosa es por ahí.
Estancamiento, sensación de: ‘mejor hubiera elegido otra obra’
Entusiasmo, alineamiento.
La hora señalada se acerca... hay que entregar lo que se fue haciendo.
Construir…
para conocer de qué se trata construir*
*Makinistian, Rubén León, “Brevedades” Editorial Privada Rosario, Santa Fe, Argentina 1996.

La elección de un texto a trabajar… pensar en una creación colectiva.
Investigar acerca de qué tengo ganas de mostrar, o no… dejar que otro decida por mí.
Una vez que se cuenta con el material o la idea, comienzan los ensayos, las improvisaciones, el análisis textual, las interacciones y el trabajo de conexión con el otro.
Repetición, repetición, repetición.
Contradicciones.
Miradas que aportan para el desenmarañamiento de ese entretejido por el que aún no se filtra la luz.
Cansancio, ausencias.
Alegría, risas.
Falta de confianza en el otro… en uno mismo.
Vamos bien, la cosa es por ahí.
Estancamiento, sensación de: ‘mejor hubiera elegido otra obra’
Entusiasmo, alineamiento.
La hora señalada se acerca... hay que entregar lo que se fue haciendo.
Construir…
para conocer de qué se trata construir*
*Makinistian, Rubén León, “Brevedades” Editorial Privada Rosario, Santa Fe, Argentina 1996.

26 jul 2008
24 feb 2008
Muestra taller de actuación 2007
Muestra taller de actuación 2006
23 feb 2008
21 feb 2008
El gran Marcos Soler de Fernando Panzeri

Marcos Soler es el actor y escritor que ensaya su propia obra de teatro.La pasión por la profesión artística es el eje de su vida y a través de sus experiencias, nos cuenta de sus alegrías, frustraciones y también de la esperanza de que todo es posible, que sólo depende del punto de observación en donde nos situemos.
CICLO LA COCINA DE LOS DRAMATURGOS 2007
Sala LA NAVE
Domingos de octubre y noviembre
17 feb 2008
EL LEVANTE
Estreno marzo de 2007
4 feb 2008
Acerca de los bloqueos
En determinados ejercicios de autoexploración que propongo en el taller de práctica teatral, como un modo de inducir a que los participantes busquen en su interior diferentes sensaciones y puedan expresarlas, si bien el ejercicio se desarrolla de acuerdo a lo planteado paso a paso -y entonces, podría decir que la consigna se ha cumplido-, tengo la sensación de que lo que aparece es mas bien un 'no mostrar', justamente, aquellos sentimientos como el miedo, la vergüenza, el prejuicio a ser juzgado, que describen los bloqueos que todos tenemos y aparecen solapados detrás de las palabras.
Cuando se charla acerca de lo sucedido en el ejercicio, observo, en algunos casos, que el discurso verbal contradice al cuerpo, que manifiesta la misma rigidez que al comienzo; es más, en algunas ocasiones, la rigidez se acentúa, es como si se produjera una lucha interna, una especie de pelea silenciosa establecida entre partes en pugna para que lo genuino no aparezca.
Percibo que, ante ejercicios cuyo objetivo es ahondar en nuestro lado oscuro, 'no pasa nada', como si nunca hubiéramos experimentado culpabilidad, ira, asombro, miedo; como si no nos constaran o fueran inherentes a nosotros, los humanos, esos sentimientos.
Entre otros objetivos, el trabajo de taller apunta a que quien elige esta actividad: el teatro, gradualmente y cada uno a su tiempo, pueda internarse en sí mismo, averiguando, constatando, descubriendo aquello que por 'oscuro' no permitimos que nos albergue. Y entonces, si echamos 'luz' sobre estos aspectos, dejando que aparezcan, quizás podamos convivir con esos sentimientos que, nos gusten o no, habitan en nosotros.
¿De qué manera puede aquel actor que representa el rol de un asesino, mostrar el sentimiento de odio o de venganza que es propio del personaje, si no cabe en su vida privada tal experiencia?; ¿no es buscando en su archivo personal imágenes o asociaciones de hechos que le permitan rememorar esos sentimientos para luego actuarlos?
Cuando se charla acerca de lo sucedido en el ejercicio, observo, en algunos casos, que el discurso verbal contradice al cuerpo, que manifiesta la misma rigidez que al comienzo; es más, en algunas ocasiones, la rigidez se acentúa, es como si se produjera una lucha interna, una especie de pelea silenciosa establecida entre partes en pugna para que lo genuino no aparezca.
Percibo que, ante ejercicios cuyo objetivo es ahondar en nuestro lado oscuro, 'no pasa nada', como si nunca hubiéramos experimentado culpabilidad, ira, asombro, miedo; como si no nos constaran o fueran inherentes a nosotros, los humanos, esos sentimientos.
Entre otros objetivos, el trabajo de taller apunta a que quien elige esta actividad: el teatro, gradualmente y cada uno a su tiempo, pueda internarse en sí mismo, averiguando, constatando, descubriendo aquello que por 'oscuro' no permitimos que nos albergue. Y entonces, si echamos 'luz' sobre estos aspectos, dejando que aparezcan, quizás podamos convivir con esos sentimientos que, nos gusten o no, habitan en nosotros.
¿De qué manera puede aquel actor que representa el rol de un asesino, mostrar el sentimiento de odio o de venganza que es propio del personaje, si no cabe en su vida privada tal experiencia?; ¿no es buscando en su archivo personal imágenes o asociaciones de hechos que le permitan rememorar esos sentimientos para luego actuarlos?
Gloria Piñero
Del sentimiento que nos 'anima'
“- Entusiasmo: Fil. El entusiasmo es un estado de sentimiento que, como todo lo que se refiere a la vida afectiva, carece de una definición precisa. Se siente mejor que se explica (...). Implica desde luego el entusiasmo, un estado cuya característica primordial consiste en que el sentimiento abandona el campo contemplativo, la posición estática, y tiende a lo dinámico, a la acción y al movimiento (...).
“(...) se puede en parte colegir otro carácter del entusiasmo, a saber, que aparece como exaltación del sentimiento provocado por estímulo o acicate interior, referido en toda la antigüedad a una acción directa de lo divino sobre el individuo (furor divinus).
“(...) el entusiasmo, abandonado a sí mismo, sin límite ni freno que le sirva de cortapisa, sigue la propia ley del sentimiento que, aislado y en exaltación, se contradice (...), circunstancia que obliga a reconocer la necesidad de armonizar los sentimientos o de convertir el entusiasmo en entusiasmo reflexivo (...)”.(1)
Cuando aparece una idea, como algo indefectible, la fluidez interna con la que surge, se impone como un mandato que ordena su realización.
Esa fluidez es, al principio, un caos de palabras y pensamientos desordenados que al escribirlos ocupan un lugar prestado: palabras y pensamientos van más rápido de lo que puedo expresar y dejo que jueguen al juego que más les guste -ocultándose, apareciendo, ahora arriba, luego más abajo-, hasta que después de varios intentos, logran encontrar el espacio puntual, el que expresará claramente la idea.
En este intento, transcurro algunos días, y a veces meses, con la intención de dar forma a aquello que se presenta como ‘interesante’.
A medida que la idea se va plasmando en esa construcción, voy imaginando y visualizando el hecho en sí, como ya puesto en acción. Y en esa imagen aparece una serie de acontecimientos: encuentros, rostros, lugares posibles para el desarrollo del proyecto; diálogos, posturas y acciones, que tienden a que el cauce del mismo sea favorable; y, también, elucubraciones sobre las dificultades que pueden presentarse, pero, siempre, éstas como improbables... En el fondo ‘creo’ que todo saldrá de maravillas porque ¡claro!, hasta aquí, todo está en el plano de las ideas, y el hálito de euforia del que estoy imbuida, es como una cortina que no me permite ver qué hay del otro lado: la realidad.
Me sucede que mientras voy finalizando la etapa escrita de un ‘proyecto‘, o lo que fuere -un artículo, el organigrama de tareas semanales, una clase de teatro-, cuando todo parece listo para poner manos a la obra, casi simultáneamente, comienzo a tener una sospecha: la de estar frente a una ilusión.
Surgen preguntas como: ¿qué fue lo que me hizo creer que este proyecto se llevaría a cabo?, ¿es posible que alguien esté interesado en él?, ¿encontraré a las personas adecuadas para tal fin?, etc.
Reflexionando acerca de qué actitudes o sentimientos me son propios, con cuáles convivo en mi estar-estando en la vida, y cómo me muestro a través de ellos produciendo diferentes efectos, es que observo lo siguiente:
El 'entusiasmo', actitud con la que emprendo a menudo muchas de las tareas que me toca realizar y... todo va bien, hasta que alguien, con alguna palabra o, simplemente un gesto, me remite a la duda: ¿será por acá,... me habré equivocado...? El entusiasmo se esfuma, y con él la ilusión. Y esto ocurre sólo en un instante, apenas ése... que transforma las horas y días de trabajo ‘calculado’ en la sensación de tiempo ‘perdido’.
En ese momento me doy cuenta de la ‘omisión’. Mientras trabajaba, sólo había calculado resultados positivos, aquellos que responden a mi creencia, a mi ‘querer tal cosa’.
Es decir, caigo en la cuenta de que mi trabajo ha sido producto de la excitación que me impulsa a ver logros. Un trabajo no meditado, descuidado, desatento, en donde, además de resultados ‘positivos’ -si los hubiera-, caben imponderables, diferencias de opinión, de gustos, de momentos propicios para la acción de cualquier tarea.
Esto me lleva a la pregunta: ¿sobre qué clase de cimientos entonces, fundo mis ideas, proyectos, acciones?
Me parece, que la respuesta tiene que ver con la 'pereza'.
Pereza como carencia, como ausencia de una mirada que considere un para qué específico del accionar. No digo que carezca de dicha mirada, ya que si algunos la tienen, probablemente también haya sido favorecida con ella; sino que está languidecida, distanciada del compromiso que implica encauzar cualquier tarea, teniendo en cuenta que siempre hay otro que recibe tanto mi ‘descuido’ como mi ‘disciplina’.
Alcanzar una mirada -por decir dar alcance, conquistar con trabajo, meticulosidad, con prueba y error-, creo, que es algo así como ponerse en movimiento, usando la capacidad que nos ha sido concedida, de manera responsable, no menospreciando y menospreciándonos; no escatimando esfuerzo en agudizar hasta el mínimo detalle de las tareas en que participamos y que, movidos por el entusiasmo de los ‘resultados’, se convierte en indolencia, distanciamiento, pereza, poniendo en peligro a nuestros semejantes.
En definitiva, vivir con esa visión, cuyo alcance contemple: no el entusiasmo “abandonado a sí mismo”, sino encauzado en ir haciendo lo que nos va siendo encomendado, en forma cuidadosa, atenta, solícita. Desarrollar actitudes que colaboren para ir saliéndonos de la pereza y nos encaminen al “entusiasmo reflexivo”: al camino de la diligencia.
“La pereza que no descansa, depreda
La pereza que no descansa, depreda.
Ya que al no incurrir
en tensar su distensión,
viola, devasta
a la diligencia.”(2)
“(...) se puede en parte colegir otro carácter del entusiasmo, a saber, que aparece como exaltación del sentimiento provocado por estímulo o acicate interior, referido en toda la antigüedad a una acción directa de lo divino sobre el individuo (furor divinus).
“(...) el entusiasmo, abandonado a sí mismo, sin límite ni freno que le sirva de cortapisa, sigue la propia ley del sentimiento que, aislado y en exaltación, se contradice (...), circunstancia que obliga a reconocer la necesidad de armonizar los sentimientos o de convertir el entusiasmo en entusiasmo reflexivo (...)”.(1)
Cuando aparece una idea, como algo indefectible, la fluidez interna con la que surge, se impone como un mandato que ordena su realización.
Esa fluidez es, al principio, un caos de palabras y pensamientos desordenados que al escribirlos ocupan un lugar prestado: palabras y pensamientos van más rápido de lo que puedo expresar y dejo que jueguen al juego que más les guste -ocultándose, apareciendo, ahora arriba, luego más abajo-, hasta que después de varios intentos, logran encontrar el espacio puntual, el que expresará claramente la idea.
En este intento, transcurro algunos días, y a veces meses, con la intención de dar forma a aquello que se presenta como ‘interesante’.
A medida que la idea se va plasmando en esa construcción, voy imaginando y visualizando el hecho en sí, como ya puesto en acción. Y en esa imagen aparece una serie de acontecimientos: encuentros, rostros, lugares posibles para el desarrollo del proyecto; diálogos, posturas y acciones, que tienden a que el cauce del mismo sea favorable; y, también, elucubraciones sobre las dificultades que pueden presentarse, pero, siempre, éstas como improbables... En el fondo ‘creo’ que todo saldrá de maravillas porque ¡claro!, hasta aquí, todo está en el plano de las ideas, y el hálito de euforia del que estoy imbuida, es como una cortina que no me permite ver qué hay del otro lado: la realidad.
Me sucede que mientras voy finalizando la etapa escrita de un ‘proyecto‘, o lo que fuere -un artículo, el organigrama de tareas semanales, una clase de teatro-, cuando todo parece listo para poner manos a la obra, casi simultáneamente, comienzo a tener una sospecha: la de estar frente a una ilusión.
Surgen preguntas como: ¿qué fue lo que me hizo creer que este proyecto se llevaría a cabo?, ¿es posible que alguien esté interesado en él?, ¿encontraré a las personas adecuadas para tal fin?, etc.
Reflexionando acerca de qué actitudes o sentimientos me son propios, con cuáles convivo en mi estar-estando en la vida, y cómo me muestro a través de ellos produciendo diferentes efectos, es que observo lo siguiente:
El 'entusiasmo', actitud con la que emprendo a menudo muchas de las tareas que me toca realizar y... todo va bien, hasta que alguien, con alguna palabra o, simplemente un gesto, me remite a la duda: ¿será por acá,... me habré equivocado...? El entusiasmo se esfuma, y con él la ilusión. Y esto ocurre sólo en un instante, apenas ése... que transforma las horas y días de trabajo ‘calculado’ en la sensación de tiempo ‘perdido’.
En ese momento me doy cuenta de la ‘omisión’. Mientras trabajaba, sólo había calculado resultados positivos, aquellos que responden a mi creencia, a mi ‘querer tal cosa’.
Es decir, caigo en la cuenta de que mi trabajo ha sido producto de la excitación que me impulsa a ver logros. Un trabajo no meditado, descuidado, desatento, en donde, además de resultados ‘positivos’ -si los hubiera-, caben imponderables, diferencias de opinión, de gustos, de momentos propicios para la acción de cualquier tarea.
Esto me lleva a la pregunta: ¿sobre qué clase de cimientos entonces, fundo mis ideas, proyectos, acciones?
Me parece, que la respuesta tiene que ver con la 'pereza'.
Pereza como carencia, como ausencia de una mirada que considere un para qué específico del accionar. No digo que carezca de dicha mirada, ya que si algunos la tienen, probablemente también haya sido favorecida con ella; sino que está languidecida, distanciada del compromiso que implica encauzar cualquier tarea, teniendo en cuenta que siempre hay otro que recibe tanto mi ‘descuido’ como mi ‘disciplina’.
Alcanzar una mirada -por decir dar alcance, conquistar con trabajo, meticulosidad, con prueba y error-, creo, que es algo así como ponerse en movimiento, usando la capacidad que nos ha sido concedida, de manera responsable, no menospreciando y menospreciándonos; no escatimando esfuerzo en agudizar hasta el mínimo detalle de las tareas en que participamos y que, movidos por el entusiasmo de los ‘resultados’, se convierte en indolencia, distanciamiento, pereza, poniendo en peligro a nuestros semejantes.
En definitiva, vivir con esa visión, cuyo alcance contemple: no el entusiasmo “abandonado a sí mismo”, sino encauzado en ir haciendo lo que nos va siendo encomendado, en forma cuidadosa, atenta, solícita. Desarrollar actitudes que colaboren para ir saliéndonos de la pereza y nos encaminen al “entusiasmo reflexivo”: al camino de la diligencia.
“La pereza que no descansa, depreda
La pereza que no descansa, depreda.
Ya que al no incurrir
en tensar su distensión,
viola, devasta
a la diligencia.”(2)
Gloria Piñero
_______________________
(1) Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias, Artes, Etc. Tomo VIII. Editores Montaner y Simón, Barcelona. W.M. Jackson, Inc. Nueva York.
(2) "Fabulario". Makinistian, Rubén León. Editorial Privada, Rosario, Santa Fe, Argentina, 1997
El texto teatral y su representación
El siguiente artículo tiene que ver con mi opinión acerca de lo que sucede en el texto teatral y su representación.
Cuando el dramaturgo escribe una obra, se halla consigo, elucubrando.
Ideas, pensamientos, emociones, motivaciones internas, etc., son los ingredientes con los que se encuentra elucidando las características: el contenido que luego poseerán los personajes de su obra.
Él se aventura en la serie de incidentes que acontecerán en esa ficción.
Fantasea acerca de cómo, cuándo, para qué, estos personajes se irán relacionando y estableciendo la secuencia de acciones que los llevará a mostrar el mensaje que, en definitiva, quiere transmitir.
Se dice que toda obra de teatro tiene una trama, y que el autor, cuando decide acerca de: los efectos a crear, la disposición de las complicaciones entre personajes, el ordenamiento de las acciones y su resolución, está "tramando", (...) "De hecho no puede haber obra sin trama; sería algo sin organización, algo caótico"(...) (1).
Cuando el autor crea sus personajes, no deja librado al azar lo que sucederá a cada uno y entre ellos, sino que los rodea de ciertas circunstancias, hasta que se conviertan en una unidad que exprese su objetivo; de manera que cada uno de ellos forme parte de una estructura: 'la obra de teatro', el pilar que sustentará las conductas de dichos personajes cuando entren en acción.
Mientras tanto, en el texto, más allá de que el autor y el lector imaginen, visualicen, lo que sucede, las 'interacciones' de los personajes están 'suspendidas'.
En el texto no aparecen el director, el escenógrafo y las demás personas que son necesarias en una producción teatral, las cuales, cuando intervienen, lo hacen con ideas propias acerca del mismo, lo que hace probable que, con dicha intervención, éste sufra modificaciones.
Cuando digo 'la obra de teatro' me estoy refiriendo a la representación escénica del texto, advirtiendo que la trama o la interacción entre los personajes, sólo puede manifestarse cuando entra en el lenguaje, cuando se plasma en la presencia de los actores que encarnan a los mismos en el escenario, cuando puedo verlos en la 'realidad'. Y es ahí, en donde, además, aparecen otras tramas o interacciones que tienen que ver con quienes miran dicha obra; tanto es así, que esta presencia, si bien no modifica el parlamento del personaje, sí lo hace con la forma de actuar los roles entre ellos, de acuerdo al estímulo, al significado que ambos (actor-espectador) se proveen mediante sus conductas, por el sólo hecho de estar involucrados en un espacio físico que los contiene.
Para concluir, el texto teatral y la representación parecen pertenecer a dos mundos diferentes: el primero, al de la 'fantasía' mental del autor, que imagina una serie de sucesos entre personajes dentro de un contexto y con un fin determinado; el segundo, tiene que ver con la patentización de dicho texto, que tiene lugar en la 'realidad' a través de la presencia del cuerpo físico de los actores en un lugar establecido y que, además, se transforma con la presencia del público, que forma parte de la representación.
Cuando el dramaturgo escribe una obra, se halla consigo, elucubrando.
Ideas, pensamientos, emociones, motivaciones internas, etc., son los ingredientes con los que se encuentra elucidando las características: el contenido que luego poseerán los personajes de su obra.
Él se aventura en la serie de incidentes que acontecerán en esa ficción.
Fantasea acerca de cómo, cuándo, para qué, estos personajes se irán relacionando y estableciendo la secuencia de acciones que los llevará a mostrar el mensaje que, en definitiva, quiere transmitir.
Se dice que toda obra de teatro tiene una trama, y que el autor, cuando decide acerca de: los efectos a crear, la disposición de las complicaciones entre personajes, el ordenamiento de las acciones y su resolución, está "tramando", (...) "De hecho no puede haber obra sin trama; sería algo sin organización, algo caótico"(...) (1).
Cuando el autor crea sus personajes, no deja librado al azar lo que sucederá a cada uno y entre ellos, sino que los rodea de ciertas circunstancias, hasta que se conviertan en una unidad que exprese su objetivo; de manera que cada uno de ellos forme parte de una estructura: 'la obra de teatro', el pilar que sustentará las conductas de dichos personajes cuando entren en acción.
Mientras tanto, en el texto, más allá de que el autor y el lector imaginen, visualicen, lo que sucede, las 'interacciones' de los personajes están 'suspendidas'.
En el texto no aparecen el director, el escenógrafo y las demás personas que son necesarias en una producción teatral, las cuales, cuando intervienen, lo hacen con ideas propias acerca del mismo, lo que hace probable que, con dicha intervención, éste sufra modificaciones.
Cuando digo 'la obra de teatro' me estoy refiriendo a la representación escénica del texto, advirtiendo que la trama o la interacción entre los personajes, sólo puede manifestarse cuando entra en el lenguaje, cuando se plasma en la presencia de los actores que encarnan a los mismos en el escenario, cuando puedo verlos en la 'realidad'. Y es ahí, en donde, además, aparecen otras tramas o interacciones que tienen que ver con quienes miran dicha obra; tanto es así, que esta presencia, si bien no modifica el parlamento del personaje, sí lo hace con la forma de actuar los roles entre ellos, de acuerdo al estímulo, al significado que ambos (actor-espectador) se proveen mediante sus conductas, por el sólo hecho de estar involucrados en un espacio físico que los contiene.
Para concluir, el texto teatral y la representación parecen pertenecer a dos mundos diferentes: el primero, al de la 'fantasía' mental del autor, que imagina una serie de sucesos entre personajes dentro de un contexto y con un fin determinado; el segundo, tiene que ver con la patentización de dicho texto, que tiene lugar en la 'realidad' a través de la presencia del cuerpo físico de los actores en un lugar establecido y que, además, se transforma con la presencia del público, que forma parte de la representación.
Gloria Piñero
___________________________
(1) Hubert C. Heffner, Samuel Selden, Hunton L. D. Sellman. "Técnica Teatral Moderna". Eudeba Manuales. 2º Ed. Buenos Aires, Febrero, 1980
Lecturas:
-Rubén León Makinistian. ""Comunicación Humana y Sistemas Humanos" (Recorrido de ideas 1984/1990)". S.E. Sociedad Editorial, Rosario, Santa Fe, Argentina, Reedición 2001
-Rubén León Makinistian. "Desarrollos en la materia "Comunicación Humana y Sistemas Humanos" (1993)". "SISTEMAS HUMANOS", Rosario, Santa Fe, Argentina, 1993
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